Ha ocurrido durante la tercera sesión de clasificación del Gran Premio de Europa disputado en Nurburgring. A falta de cinco minutos y medio del final de la sesión, la rueda delantera derecha del MP4-22 de Hamilton reventaba lanzando al monoplaza contra las protecciones a casi 300 km/h.
Por muy mal que me caiga el negrito toca-cojones este, he de reconocer que me he sentido aliviado cuando se ha confirmado que el piloto estaba perfectamente, y que incluso podrá llegar a correr mañana.
Mi primer pensamiento ha sido: ¡¡Ole!! ¡¡Mañana corre De la Rosa!! ¡¡Un hueso menos para Alonso (siempre con permiso de Pedro, claro…)!!
No he podido evitar acordarme de lo que le pasó a Raikkonen en este mismo circuito hace dos años, cuando le reventó el palier de la suspensión delantera derecha.
Por aquel entonces, yo curraba en Barcelona. Me tocaba cubrir una guardia ese fin de semana y estaba en el comedor de la oficina, comiendo y viendo la carrera. Cuando la suspensión del MP4-20 se fué al carajo, pegué tal salto que la silla salÃo despedida hacia atrás. Al momento, el que era mi suegro me estaba llamando al móvil para decirme: “¡¡Has visto eso, chaval!!”
En un primer momento nos alegramos infinito porque Alonso pasaba a ocupar la cabeza de carrera. Pero al rato, y pensándolo friamente, no pude evitar sentirme como el culo por alegrarme de ver a Raikkonen volar en dirección al muro.
Este medio dia nadie me ha llamado al móvil, pero me ha vuelto a pasar lo mismo. Sobre todo después de escuchar el comentario de nuestro amigo Lobato, alias “calvo-cabrón”, al que solo puedo decirle:
Lobato nene… mide un poco. Yo puedo pensar y decir lo que me salga del miembro, pero tu… en directo… y delante de todos los aficionados a la F1, no puedes decir eso, macho.
En fÃn… que al final la pole se la lleva Raikkonen, Alonso sale segundo, y si Hamilton puede correr y los ingenieros de McLaren consiguen calzar el motor del coche siniestrado al coche de reserva, el negro nos sale décimo. Y por una vez, espero que gane, coño.
